Del call to action a las grassroots.  Nuevas campañas de movilización electoral 

Del call to action a las grassroots.  Nuevas campañas de movilización electoral 

No se trata de pedir a tu comunidad activista que actúe, sino de poner las bases para que esa acción sea espontánea. Es como plantar una semilla y esperar a que crezca mientras se abona y se riega. Cuando germina, la naturaleza actúa sola.  

Me parecen especialmente adecuados los símiles del pensamiento natural para reflexionar sobre la movilización. De la raíz a las ramas, y de las ramas a los frutos.

Se denomina call to action a la táctica de provocar acciones entre las bases de activistas en una campaña. Nosotros –responsables de campaña- pedimos a las bases que hagan cosas de acuerdo a nuestra estrategia política o electoral y ellos –activistas- lo hacen sin dudarlo. Las comunidades de activistas segmentados por territorios, edades o intereses, actúan con cadena de transmisión para la movilización. Para un país como España, trabajamos con una fórmula basada en las decenas, las centenas y las decenas de millar. Estos tres círculos concéntricos son: los de los miembros del equipo de movilización en campaña (decenas), los de los que tenemos contacto directo por vías telemáticas (centenas) y todo el universo activista capaz de movilizarse en la acción de campaña (decenas de mil). Durante el proceso electoral, se realiza un flujo de información desde el centro (decenas) hacia el exterior. 

Las grassroots, en cambio, actúan desde abajo hacia arriba, son espontáneas, nacen y crecen solas desde la raíz. La definición que da Wikipedia de “grassroots” (raíces del césped) dice: “implica que la creación del movimiento y el apoyo del grupo es natural y espontáneo, destacando las diferencias con comunidades promovidas por las estructuras de poder”. Y añade que el movimiento contrario es el “astroturfing” (“Astroturf es una firma de césped artificial)  

Las campañas electorales de nuestra era digital se inscriben en un escenario con un cada vez menor protagonismo de los intermediarios tradicionales (partidos y medios). Nuevos actores protagonistas emergen y toman su lugar para participar en un juego en el que todos lo disputan en el mismo tablero. Por ello, la denominada nueva política no puede estar al margen de este paradigma que determina de forma relevante la necesidad de una nueva semántica. Los ciudadanos, unos más influyentes y otros menos; unos más activistas y otros, menos, ya no necesitan organizarse en plataformas intermedias para interactuar en el espacio público con actores decisores, esto es los políticos.  

Reconocemos, por tanto, una nueva situación que podríamos titular “De las pirámides a las redes”, que no es más que una traducción metafórica referida al paso de lo antiguo a lo nuevo, de lo jerárquico a lo distribuido, de los intermediarios a los influencers.  

Las campañas electorales las concebimos ya como un juego de correlato online-offline en que el verdadero valor de la acción no se refiere sólo al ámbito de la red o al del espacio real, como zonas de acción únicas, sino en el tránsito de una a otra, la convocatoria mutua entre las redes y las calles. Nadie diría que el 15M español (movimiento indignado de 2011) es un fenómeno sólo de redes, sin embargo, la red fue condición necesaria para que la convocatoria, o mejor, la autoconvocatoria, activase la presencia masiva en las plazas y en las calles.  

En las campañas electorales aplicamos tres fases de estrategia y acciones: la reputación de las marcas personales y de proyecto, la influencia y la movilización. 

Tratamos en este texto de las dos últimas. La influencia no es otra cosa que el diseño de una comunidad para nuestro proyecto en torno al candidato/a y al programa. Para ello es necesario una escucha proactiva para conocer muy bien a nuestros electores, tanto fijos, como posibles o imposibles.  Y no es únicamente un análisis demoscópico, de focus groups, encuestas o sondeos, porque no se trata solo de electores. Nuestra comunidad está formada por activistas en mayor o menor grado, electorado segmentado, influenciadores, medios de comunicación, grupos de interés y organizaciones. Por todo esto, decimos que no es sólo análisis tradicional, sino también analíticas de redes para la segmentación y la micro segmentación. Cuanto mejor conozcamos a cada grupo de esa comunidad mejor podremos dirigir los mensajes, las llamadas a la acción y el engagement con el electorado. Cada grupo de esa comunidad cumple una función distinta, tiene una adhesión escalada, se sitúa en territorios diferentes y tiene intereses exclusivos. Yendo a lo más concreto, en esa comunidad hay votantes, posibles votantes, periodistas, influenciadores de red, activistas, etc. Todos jugando en el mismo tablero. En este “mapa” de nuestra comunidad se produce un auténtico sistema dinámico en que se establece un conjunto de relaciones específicas entre los grupos y entre los sujetos, es decir, un mapa de interrelaciones únicas y no replicables en otras comunidades por lo que requiere de un diseño y un abordaje personalizado para el conocimiento profundo de la misma. Esa lógica única de los grupos de nuestra comunidad nos obliga a establecer flujos de información diferenciados, con contenidos distintos y con orígenes y destinos específicos. Los procesos pasan de los flujos de one to many (jerárquico y vertical) al one to one o al many to many. 

Por lo que se refiere a la movilización, es el elemento determinante de una campaña electoral junto a la estrategia. La movilización hoy también es una tarea accesible a través de la red. El objetivo final es la incorporación de muchas personas actuando a favor de nuestra propuesta electoral y que, de esas muchas personas, sea cuanto mayor el número de los que realmente se sienten implicados en la campaña. 

Las herramientas de movilización son el gran aliado en este campo: desde los generalizados whatsapp o telegram, pasando por las apps de campaña, hasta una web multicapa de gestión de la comunidad o las plataformas de debate, participación o cocreación. Es aquí donde está la capacidad tecnopolítica del equipo de campaña. utilizó una de estas webs de movilización Un site (por ejemplo, Nation Builder, que es una plataforma online de pago) que permita recoger datos de los activistas en función de su mayor o menor implicación voluntaria, gestionar los grupos por territorios, edades, nivel educativos, gustos… y todo ello hasta el detalle. Y es en esto punto donde se puede producir el paso de un buen conocimiento de nuestra red de activismo para llamar a la acción, hacia la puesta a disposición de esa comunidad de las herramientas que les permitan implicarse, empoderarse y actuar de forma espontánea: las grassroots, las acciones bottom up, que nacen en la base y ascienden en la organización de la campaña hasta el lugar de la decisión. Esto ocurre cuando los activistas conocen la estrategia de campaña, la comparten, saben moverse por los nodos de influencia de nuestra comunidad y generan acciones y productos que multiplican a las acciones que provienen desde la dirección de campaña.  

Es importante subrayar que esta acción espontánea no lo es tanto, o no lo debe ser hasta el punto de que supere la estrategia o la contradiga, por lo que es necesario que esté previsto y diseñado de antemano.  

Es falaz que los ciudadanos quieran participar en política. De hecho no es así. Lo que la ciudadanía quiere es influir, incidir, cambiar las cosas. Participar en procesos de cambio. El cambio se puede producir si se percibe como algo propio, que está en nuestras manos. No conocemos nuestro poder colectivo hasta que lo ponen a nuestra disposición, lo arrebatamos o lo usurpamos.