Fuera de la caja

Fuera de la caja

¿Les gustaría viajar en una nave por la estratosfera y ver la tierra y la luna desde allí? Igual podrían pensar en que vale la pena conservar nuestro maravilloso planeta y en el por qué lo vemos todo tan homogéneo desde lo alto, pero cuando nos acerquemos vemos las diferencias… 

De lejos todo se ve mejor y cuando hablamos de pensar fuera de la caja nos iría muy bien hacerlo desde la estratosfera, porque seríamos más libres para imaginar e innovar sin tantas restricciones como tenemos en un país determinado, una empresa, un departamento y un despacho. Pensar fuera de la caja significa dejar todo lo que nos constriñe y limita dejando fluir la mente en una dirección determinada. 

En mi anterior artículo escribí sobre la necesidad de poner a un creativo en su empresa. Son esas mentes privilegiadas las que pueden guiarnos en nuestra salida de la caja. Ellos están acostumbrados a hacerlo porque la única manera de innovar y crear es domesticar la mente vaciándola del corto plazo, focalizarla en la dirección deseada y permitir que nuestro cerebro empiece a hacer asociaciones de todo tipo que, con suerte, finalizarán en una idea diferente y genial. 

Creo que cuando tiramos hacia arriba, cuando nos despegamos de nuestros agobios, cuando volamos alto, las cosas son más fáciles. Pero para hacerlo se requiere tiempo y las condiciones apropiadas. 

Pruébenlo, por favor. Cuando quieran elevar sus expectativas, mejorar sus objetivos o resolver un problema, cojan de la mano a un creativo o a un estratega y enciérrense un buen rato. Verán que al principio tendrán que sacar lo que les preocupa o desean hacer de forma más o menos ordenada –están despegando– y cuando lleguen a la altitud de crucero tendrán algún momento de incertidumbre, pero si su acompañante les hace las preguntas adecuadas, se darán cuenta inmediatamente de la potencia de su mente. Poco a poco irán disfrutando del vuelo y llegarán a conclusiones que, de otra forma, les hubiese sido imposible alcanzar. 

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